domingo, 5 de julio de 2009

Hay maldad en Guayaquil desde niños que roban hasta mayores que engañan o estafan para tener algún beneficio propio, pero así mismo buenas actitudes o tradiciones que vale la pena mencionar. Tradiciones que se están olvidando, y no se observa en las nuevas generaciones dominadas por la tecnología.

Me viene a la mente la película de Pixar, estrenada el año pasado llamada "Wall-e", en el que la comunicación directa se había perdido y todo era mediante medios tecnológicos aun cuando la cercanía entre las personas era mínima, físicamente. El contacto humano era nulo. Poco a poco esto se esta haciendo realidad en países mas desarrollados, se observa que cada individuo esta separado por una barrera invisible, pero que esta ahí separándonos poco a poco, unos de otros.

Pero lo que vi me agrado, aunque es una pena que solo hayan sido dos personas mayores, ya que ellos tienden a hacer esto, esta actitud de ser amable con los desconocidos y el ofrecerle un hola no con un sentido oscuro pero puro.

Hace algún tiempo vi el monologo, la "pelota de letras" y mencionaba que las personas de la tercera edad tienden a hacer amigos con el extraño de alado. Mientras me reia me di cuenta de que era un hecho real y que el resto de generaciones posteriores no tiende a hacer este tipo de acciones. Tiende a evitar las conversaciones que se den con los desconocidos, o mas bien tendemos a tener este tipo de actitudes contra los extraños.

Talvez es temor a que sea una persona mala la que esta conversando o simplemente preferimos ignorar y quedarnos entretenidos con lo poco que hacemos, que muchas veces es trivial y sin sentido ( Y con esto me refiero al mirar a la ventana). Se justifica en parte por la violencia y robos que acechan la ciudad, pero aun asi, no quiere decir que dejemos de conversar unos con otros. Aun asi podemos encontrar calidez en nuestra ciudad, solo tenemos que trabajar en no perder ese poco calor que todavia nos queda.

En contraste con la acción de estos dos señores estaba una señora, un poco pasada de peso, sentada en un asiento amarillo en la metrovia aun cuando no era mayor de edad, ni estaba embarazada. La observe al entrar y estaba despierta, pero al momento en que una señora bastante mayor entro se hizo la dormida para no tener que dar el asiento. Luego de algún tiempo al parecer se quedo dormida, y nunca sedió el asiento que no le correspondía.
Estas experiencias son muy comunes y desde pequeños no se les enseño a respetar a los que lo necesiten.

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